Por: Raquel Portolés. Directora Colegio Carmelitas Paterna.

En mi extensa experiencia como docente en el Colegio Carmelitas Paterna,  siempre he considerado que educar el corazón es fundamental para el desarrollo holístico del alumnado, y como Directora del colegio, para mí ha sido trascendental impulsar en estos años el compromiso de profundizar y cultivar la interioridad, tanto en el profesorado como en el alumnado. Porque, sin duda alguna, educar va mucho más allá de transmitir conocimientos.

Cada día, cuando entramos en nuestras aulas, confirmamos que el verdadero aprendizaje solo ocurre cuando la mente y el corazón caminan de la mano. Nos damos cuenta de que enseñar no consiste únicamente en formar intelectos brillantes, sino en acompañar a nuestros alumnos y alumnas en su crecimiento interior, en ayudarles a conocerse, a reconocer lo que sienten y aprender a convivir con otros desde el respeto y la empatía.

El aprendizaje socioemocional es uno de los proyectos destacados de nuestra Fundación Educativa CMT, y en este sentido, no es una moda pedagógica, sino una forma de vivir la educación en coherencia con nuestro propósito, nuestra identidad y nuestra misión. Desde nuestro carisma, creemos que toda persona está llamada a descubrir su valor, a cultivar el silencio interior, la escucha y el amor fraterno.

Educar las emociones es también educar el alma; es enseñar a mirar al otro con compasión y con ternura.

La experiencia en nuestro cole

En nuestro colegio hemos visto cómo esta apuesta ha transformado profundamente la vida escolar de nuestros alumnos y alumnas. Hoy se respira un ambiente más sereno, más positivo, más empático. Esto impacta directamente en la convivencia, el aprendizaje y el bienestar general de toda la comunidad educativa.

Los alumnos aprenden a poner nombre a lo que sienten, a resolver los conflictos con diálogo y a valorar la diversidad como una riqueza. También los docentes hemos aprendido a detenernos, a mirar más allá de las conductas y a reconocer en cada gesto, incluso en el silencio, una oportunidad para acompañar.

Es emocionante escuchar los testimonios de familias que nos dicen que su hijo “ha aprendido a escuchar” o que “ya se atreve a expresar lo que le pasa”. Comprendemos que la semilla del aprendizaje socioemocional está dando fruto no solo en el colegio, sino que trasciende fuera de él.

No obstante, este camino no está exento de desafíos. Educar las emociones requiere tiempo, formación y coherencia. A veces la urgencia de cumplir con las programaciones o la presión de los resultados académicos nos hace olvidar lo verdaderamente esencial: detenernos, escuchar, cuidar, acompañar. Pero precisamente ahí radica la fuerza del aprendizaje socioemocional, en recordarnos que educar no es llenar de contenidos, sino acompañar procesos humanos. Es por eso que también nosotros, los adultos, necesitamos aprender a gestionar nuestras emociones, a reconocernos vulnerables y a encontrar equilibrio entre la exigencia y la ternura.

Pequeñas victorias cotidianas

Recuerdo el caso de una alumna que solía frustrarse fácilmente ante sus errores. Con paciencia y acompañamiento, aprendió a reconocer su enfado y a usar estrategias para calmarse. Un día, después de un examen, me dijo con una sonrisa: “Hoy me equivoqué, pero respiré hondo y seguí adelante”. En ese momento supe que algo profundo había cambiado: no solo en su rendimiento, sino en su forma de mirarse a sí misma. Esas pequeñas victorias cotidianas son las que, sin duda, te llenan el alma y hacen que nuestra labor cobre sentido.

El aprendizaje socioemocional trasciende las paredes del aula. Un niño que se conoce, que confía en sí mismo y que se siente querido, se convierte en un joven más libre, más solidario y más feliz. Lo que aprenden aquí en el colegio repercute positivamente en su familia, en su entorno y, con el tiempo, en la sociedad. Aprenden a cuidar, a perdonar, a expresar afecto y a poner su sensibilidad al servicio del bien común.

En resumen

Desde nuestro ideario y carisma propio, esta educación del corazón se conecta directamente con nuestra esencia, con nuestros valores, con el silencio que nos enseña a escucharnos, con la oración que nos invita a mirar al otro con amor, y con la fraternidad que nos impulsa a construir juntos un mundo más humano.

Apostar por el aprendizaje socioemocional es, en definitiva, apostar por una educación que transforma vidas, en un lenguaje de pensamiento es un “ganar- ganar” porque cuando enseñamos a nuestros alumnos a pensar, sentir y convivir, estamos formando alumnos capaces de enfrentarse a los desafíos de la vida con criterio, empatía y responsabilidad.

Al enseñarles a pensar promovemos su pensamiento crítico, su creatividad y la toma de decisiones. Al enseñarles a sentir les ayudamos a reconocer y gestionar sus emociones fortaleciendo su bienestar emocional y su capacidad para entender y acompañar a los demás.

En definitiva, estamos sembrando en ellos las raíces de la esperanza, la paz y la felicidad que soñamos para el futuro.